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LINGUAMÓN - Casa de les Llengües

El decálogo fundacional

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El decálogo fundacional

1. Todas las lenguas son igual de importantes y necesarias. Las lenguas son la concreción natural de una facultad común y exclusiva de la humanidad, el lenguaje, un sistema de comunicación único en la naturaleza.
Como expresión de esta facultad, todos los grupos humanos han desarrollado lenguas propias. Dentro de su riqueza y diversidad, todas las lenguas comparten unas características comunes (los universales lingüísticos), y todas se pueden aprender.
La diversidad lingüística es la expresión plural de este legado universal, el lenguaje, que une a los pueblos y permite que todos podamos contribuir a la humanidad en pie de igualdad. 

2. La diversidad lingüística es el estado natural de la humanidad y una expresión fundamental de su riqueza. La diversificación es un proceso natural, un hecho inherente a la especie humana, a sus circunstancias y a su entorno, como lo son la diversidad cultural y la biodiversidad. A lo largo del tiempo, la humanidad se ha ido construyendo sobre la diversidad lingüística.

3. Las lenguas las crean las sociedades y son una de las manifestaciones más destacadas de una cultura. Las lenguas forman parte del conjunto de rasgos que definen una comunidad. Además, las lenguas expresan, manifiestan y consolidan todas las ganancias culturales. Cada lengua expresa una visión concreta del mundo, un imaginario particular y complejo que permite ordenar, clasificar y designar todo lo que nos rodea, tanto a través de conceptos e ideas abstractas como de aplicaciones concretas, mediante las cuales se puede transmitir información y conocimiento.

4. La lengua es parte inherente de la memoria colectiva y un instrumento de construcción de su futuro. Mediante la memoria y la palabra, el ser humano recuerda su pasado, su tradición, sus mitos y leyendas; puede transmitir sus habilidades, su tecnología, y como instrumento de construcción de futuro, permite a su vez la expresión y socialización de sus sueños, sus proyectos y las voluntades de los pueblos. Una lengua es la base fundamental que permite la narración de una cultura y el almacén imprescindible de su memoria.

5. Las lenguas son fundamentales para la convivencia, la identidad y la cohesión de los grupos humanos. Cada lengua es un espacio de convivencia que crea un espacio común y cómodo para la vida en sociedad. Las lenguas sirven para vivir y compartir la experiencia vital, tanto de forma individual como colectiva, y facilitan la adhesión de los recién llegados con culturas diferentes, así como la construcción conjunta de nuevos imaginarios. Además, una lengua expresa la identidad de un pueblo, es el emblema de sus hablantes, el elemento básico que los cohesiona y los convierte en miembros de una comunidad determinada. La lengua nos proporciona un lugar en el mundo, en tanto que pone en evidencia los vínculos con nuestros antepasados. 

6. Las lenguas viven si se hablan, son dinámicas y se adaptan a la realidad social y a los nuevos requisitos de las comunidades. Las lenguas son, fundamentalmente, actividad. La mejor garantía para la supervivencia de una lengua es utilizarla en todos los ámbitos de la vida y transmitirla a las generaciones futuras. Ante los retos de la modernidad, todas las lenguas están capacitadas para ponerse al día y adaptarse a las nuevas necesidades sociales, ya sea a través de la innovación, la introducción y la creación de nuevo léxico, como también enriqueciéndose por el contacto con otras lenguas. Todas las lenguas son abiertas, dinámicas e incompletas. 

7. Aceptar la diferencia y la diversidad abre una puerta al verdadero diálogo entre culturas. El diálogo sobre el futuro común se puede abordar desde cualquier lengua y cualquier cultura. El progreso de la humanidad está directamente relacionado con la capacidad de comunicación entre culturas.
La lengua, como otros elementos sociales y culturales, crea un espacio de comunicación y complicidad. Así se convierte en puente y puerta al diálogo intercultural, gracias al cual es posible desarrollar una verdadera cultura de paz y establecer unas condiciones de convivencia internacional basadas en el entendimiento y la cooperación.

8. Hay que aprovechar la mundialización como una oportunidad para la diversidad lingüística. Hay que lanzar una nueva mirada sobre los procesos de mundialización y proyectarlos como una oportunidad para generalizar la presencia de las distintas lenguas en todas las esferas, públicas y privadas, de los ámbitos sociales, políticos y económicos del planeta. La economía y la tecnología pueden ser instrumentos muy importantes para potenciar la diversidad lingüística con equidad. 

9. La desaparición de una lengua es la pérdida de una parte de la riqueza de la humanidad. Ninguna lengua desaparece por causas naturales.
En el proceso de desaparición de una lengua se producen importantes rupturas en relación con la integración cultural de las generaciones y la cohesión social de la comunidad. La sustitución y el etnocidio de una lengua no es tan sólo la pérdida de un elemento de comunicación básico, sino de todo un sistema de conocimiento construido a lo largo del tiempo. Todas las lenguas merecen ser preservadas, porque la desaparición de una lengua es la pérdida de un universo único e irrepetible, vinculado a un entorno y un medio específicos. Arrebatarle a un pueblo su lengua es arrebatarle la concreción más destacable y más natural de su manera de ser humano. Con la pérdida de una lengua todos salimos perdiendo.

10. Preservar la diversidad lingüística y garantizar su futuro es un gran reto para lahumanidad. Asegurar la vida de cada lengua y la diversidad lingüística debe ser un objetivo común para la humanidad.
Todas las personas e instituciones, tales como poderes locales, gobiernos, estados y organismos internacionales, deben establecer compromisos y asumir responsabilidades hacia la diversidad lingüística y la convivencia entre lenguas. A través del entendimiento y la cooperación es preciso dignificar, potenciar y proteger el patrimonio lingüístico del planeta.

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