Una buena práctica es una manera de gestionar el multilingüismo que contribuye a mejorar y a modificar de forma significativa la situación de una lengua.
La buena práctica responde a una necesidad detectada a partir del estudio de la situación de partida o a una demanda explícita.
La buena práctica:
• Da respuesta a una nueva necesidad.
• Incide en un ámbito previamente considerado deficitario.
• Vehicula las actuaciones de respuesta ya existentes con nuevos recursos. Innovaciones metodológicas, tecnológicas, etc.
Las buenas prácticas, además de proponer nuevos modos de actuar, deben poder adaptarse a las características de las diferentes comunidades y, especialmente, deben contribuir al fortalecimiento de la comunidad lingüística con la participación de la ciudadanía y del sector asociativo.